Los adolescentes europeos están consumiendo menos alcohol, fumando menos cigarrillos y utilizando menos cannabis que hace algunos años. No se trata de una percepción ni de una impresión aislada: es una tendencia que aparece con claridad en los datos de la última edición del European School Survey Project on Alcohol and Other Drugs (ESPAD), una de las investigaciones más importantes del mundo sobre consumo de sustancias entre adolescentes.
La encuesta 2024 relevó a 113.882 estudiantes de 15 y 16 años en 37 países europeos y permite comparar la evolución de los comportamientos durante tres décadas. Y el resultado es significativo: las sustancias tradicionales pierden presencia entre los adolescentes europeos.
El caso del tabaco es probablemente el más contundente. Entre 1995 y 2024, la proporción de estudiantes que alguna vez fumaron cayó del 68% al 32%. El consumo durante los últimos 30 días pasó del 33% al 18%, mientras que el consumo diario descendió del 20% al 8%. Es decir, en treinta años se produjo una transformación profunda de la relación de los adolescentes con el cigarrillo.
El alcohol también muestra una caída importante. El consumo alguna vez en la vida descendió del 88% en 1995 al 74% en 2024. El consumo durante los últimos 30 días pasó del 55% al 43%, mientras que los episodios de consumo intensivo descendieron del 36% al 30%. En algunos países, la transformación es todavía más marcada: Islandia, por ejemplo, pasó de un 56% de consumo reciente de alcohol entre los adolescentes a apenas un 12%.
Con el cannabis ocurre algo similar. Su prevalencia alguna vez en la vida llegó a un máximo del 18% en 2003 y 2011, pero descendió hasta el 12% en 2024, el nivel más bajo registrado por ESPAD desde que comenzó a medir este fenómeno en 1995. El consumo durante los últimos 30 días también cayó hasta el 5%. Incluso la percepción de disponibilidad del cannabis, que había aumentado durante años, descendió de 33% en 2019 a 27% en 2024.
En conjunto, el consumo de drogas ilícitas alguna vez en la vida pasó de un promedio del 19% en 2003 a 14% en 2024. Y el descenso no se limita al cannabis: también disminuyó el uso de otras drogas ilícitas.
Pero hay una cuestión todavía más interesante que los números: ¿por qué? La respuesta, por ahora, no puede reducirse a una sola causa. Y sería un error convertir una tendencia compleja en una explicación sencilla.
Una investigación basada en datos de ESPAD de 25 países comparó las pautas de consumo de alcohol entre 2003 y 2019 y encontró algunos factores asociados con el descenso: mayor control parental, menos salidas, menor consumo de tabaco y determinados cambios en las formas de utilización de internet. Los autores también señalan que las políticas sobre alcohol, las actitudes sociales, la representación del alcohol en los medios y una mayor conciencia sobre la salud pueden ayudar a explicar las diferencias entre países.
Hay algo particularmente interesante en esto. Durante mucho tiempo se pensó que para prevenir el consumo había que concentrarse casi exclusivamente en las sustancias. Había que hablar de alcohol, de tabaco, de cannabis, de drogas. Había que advertir sobre sus consecuencias y tratar de modificar las decisiones individuales.
Pero los datos europeos parecen contar una historia bastante más compleja. Los adolescentes están cambiando sus formas de relacionarse con el mundo. Salen menos. Fuman menos. Beben menos. Y también cambiaron sus espacios de socialización. Una parte importante de la vida adolescente se trasladó hacia los entornos digitales.
Y ahí aparece la paradoja de esta nueva generación.
Mientras disminuyen varias de las conductas tradicionales de consumo, aumentan otros comportamientos de riesgo. El uso de cigarrillos electrónicos se expandió fuertemente: el 44% de los estudiantes declara haberlos utilizado alguna vez y el 22% los utilizó durante los últimos 30 días. Entre 2019 y 2024, el consumo reciente de cigarrillos electrónicos pasó del 14% al 22%.
También aumentaron algunas conductas vinculadas al entorno digital. ESPAD registra un incremento de la percepción de uso problemático de redes sociales y un crecimiento importante del juego online y de determinadas formas de apuestas. Al mismo tiempo, el bienestar mental presenta diferencias importantes entre países y entre varones y mujeres.
Es decir: el riesgo no desapareció. Está cambiando de lugar. Y esta distinción es fundamental.
No estamos frente a una generación que simplemente se volvió "más sana". Estamos frente a una generación que parece haber reducido algunas conductas tradicionales mientras desarrolla otras formas de exposición y vulnerabilidad.
La propia EUDA advierte que el descenso de las sustancias tradicionales no necesariamente significa una reducción general del riesgo. El desafío consiste ahora en comprender cómo se relacionan el consumo de sustancias con los nuevos comportamientos digitales, el bienestar mental y las nuevas formas de socialización.
Hay, además, otro dato que merece especial atención desde la perspectiva de la prevención.
El 72% de los estudiantes europeos declaró haber participado durante los dos años anteriores en al menos una intervención preventiva. Pero no todas esas intervenciones son iguales. El 55% informó haber participado en actividades orientadas al desarrollo de habilidades sociales, personales o alfabetización mediática. ESPAD señala que este tipo de intervenciones, basadas en habilidades, tiene un potencial de efectividad mayor que las acciones centradas exclusivamente en información y concientización.
No alcanza para afirmar que la prevención sea la causa del descenso. Sería científicamente incorrecto hacerlo. Pero tampoco parece razonable ignorar que durante las mismas décadas en que disminuyeron algunas de las principales conductas de consumo adolescente, Europa fue desarrollando políticas de prevención, regulación, control del tabaco, restricciones a la publicidad, cambios culturales y nuevas estrategias de promoción de la salud.
Tal vez la pregunta más interesante no sea entonces por qué los adolescentes europeos consumen menos. Tal vez sea qué hizo Europa para que algunas conductas dejaran de resultar tan atractivas, tan normales o tan necesarias para pertenecer a un grupo.
Porque prevenir no siempre significa convencer a un adolescente de que abandone una conducta. A veces significa conseguir que esa conducta nunca llegue a convertirse en una parte importante de su vida. Y esa es, desde mi perspectiva, una de las grandes lecciones que dejan estos datos.
Durante demasiado tiempo hemos evaluado la prevención mirando cuánto sabe un adolescente sobre las drogas o si recuerda determinado mensaje después de una charla. Pero la verdadera medida de una política preventiva debería ser mucho más ambiciosa: qué conseguimos modificar en los contextos en los que los chicos crecen, se relacionan, se divierten y toman decisiones.
Los datos europeos muestran que algo está cambiando. No sabemos todavía cuánto de ese cambio responde a las políticas públicas, cuánto a transformaciones culturales, cuánto a los cambios en la familia y cuánto a la revolución digital. Probablemente sea una combinación de todos esos factores.
Lo que sí sabemos es que el consumo adolescente no es una fatalidad. Y eso, en tiempos en los que con demasiada frecuencia se presenta el consumo como algo inevitable frente a lo cual solamente queda enseñar a reducir sus consecuencias, es una noticia que deberíamos mirar con mucha más atención.
Porque si una generación puede consumir menos, también significa que las tendencias pueden cambiar. Y si las tendencias pueden cambiar, la prevención no está condenada a llegar siempre después del problema. Puede llegar antes.
Claves para entender
ESPAD 2024: la encuesta relevó a 113.882 estudiantes de 15 y 16 años en 37 países europeos.
Tabaco: el consumo alguna vez en la vida cayó del 68% en 1995 al 32% en 2024. El consumo diario pasó del 20% al 8%.
Alcohol: el consumo alguna vez en la vida bajó del 88% al 74%. El consumo durante los últimos 30 días descendió del 55% al 43%.
Cannabis: el consumo alguna vez en la vida cayó del 18% en los momentos de mayor prevalencia al 12% en 2024, el nivel más bajo registrado por ESPAD.
Drogas ilícitas: el consumo alguna vez en la vida pasó del 19% en 2003 al 14% en 2024.
Pero aparecen nuevos riesgos: aumentan el uso de cigarrillos electrónicos, determinadas formas de apuestas y los problemas asociados al uso intensivo de redes sociales y otras conductas digitales.
Prevención: el 72% de los estudiantes declaró haber participado en al menos una intervención preventiva durante los dos años anteriores. El 55% participó en intervenciones orientadas al desarrollo de habilidades sociales, personales o alfabetización mediática.
La gran pregunta: Europa está consiguiendo que varias conductas de consumo pierdan presencia entre los adolescentes. El desafío ahora es entender qué combinación de cambios culturales, familiares, sociales, regulatorios y preventivos hizo posible esa transformación.




