11 jun 2026

Del tabaco al cannabis: una profecía que empieza a cumplirse


Durante años, quienes observamos con preocupación los procesos de legalización y comercialización del cannabis advertimos sobre un riesgo que muchos consideraban exagerado. La pregunta era sencilla: si se abría un mercado legal multimillonario para la marihuana, ¿quién terminaría ocupando ese espacio? 

La respuesta parecía obvia. Las grandes corporaciones que durante décadas construyeron imperios económicos a partir de productos adictivos no iban a permanecer al margen. Tarde o temprano, el cannabis se convertiría en una nueva frontera de negocios.

Hoy esa hipótesis comienza a encontrar ejemplos concretos.

En los Países Bajos, parlamentarios de distintos partidos expresaron su preocupación luego de conocerse que Altria, la compañía anteriormente conocida como Philip Morris, busca ingresar indirectamente al experimento de producción regulada de cannabis que desarrolla el país. La operación se realizaría a través de Cronos Group, una empresa canadiense de cannabis de la cual Altria es uno de los principales accionistas y que se encuentra en proceso de adquirir CanAdelaar, el mayor productor autorizado dentro del programa neerlandés de cannabis regulado.

La noticia generó alarma entre dirigentes políticos que apoyan y también entre quienes cuestionan el experimento. Las críticas apuntan especialmente al historial de la industria tabacalera en materia de marketing, lobby político, minimización de riesgos sanitarios e influencia sobre la producción de conocimiento científico. Algunos legisladores advirtieron que permitir el ingreso de compañías vinculadas al tabaco podría comprometer la credibilidad y los objetivos de la experiencia regulatoria.

Sin embargo, para comprender la relevancia de esta noticia es necesario retroceder algunos años.

En 2018, Altria anunció una inversión de 1.800 millones de dólares en Cronos Group, una de las principales empresas de cannabis de Canadá. Aquella operación fue interpretada por muchos analistas como una señal de que las grandes tabacaleras ya estaban preparándose para expandirse hacia el negocio del cannabis. Lo que entonces parecía una apuesta estratégica de largo plazo hoy comienza a traducirse en movimientos concretos dentro de mercados regulados.

Lo que está ocurriendo en los Países Bajos reabre una discusión más amplia. ¿Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva industria dominada por actores con trayectorias similares a las que durante décadas caracterizaron al negocio del tabaco?

Investigadores y expertos citados en recientes informes internacionales advierten que varias compañías tabacaleras consideran al cannabis parte de una estrategia de diversificación que incluye nicotina, vapeadores y otros productos de consumo. También señalan preocupaciones vinculadas a la financiación de estudios, la construcción de narrativas favorables al mercado y la capacidad de influencia de estas empresas sobre los procesos regulatorios.

La situación resulta particularmente llamativa porque reproduce una dinámica observada anteriormente con el tabaco. Durante gran parte del siglo XX, las grandes compañías tabacaleras desarrollaron estrategias comerciales agresivas, ampliaron mercados, promovieron productos y disputaron regulaciones mientras se acumulaba evidencia científica sobre sus efectos sanitarios.

Para algunos observadores, la posibilidad de que esos mismos actores comiencen a ocupar posiciones relevantes dentro de la industria del cannabis representa una especie de profecía autocumplida. Aquello que durante años fue planteado como una advertencia empieza a tomar forma.

La discusión ya no gira únicamente alrededor de la legalización o la regulación del cannabis. También comienza a involucrar preguntas sobre quiénes controlarán el mercado, cuáles serán los incentivos económicos predominantes y qué lugar ocuparán los intereses comerciales en la definición de políticas públicas relacionadas con la salud.

A medida que más países avanzan en distintos modelos de regulación, la experiencia neerlandesa ofrece una señal que trasciende sus fronteras. El debate sobre el cannabis ya no se limita a la sustancia. También alcanza a los actores económicos que buscan posicionarse en un negocio con perspectivas de crecimiento global.

Y en ese escenario, una pregunta vuelve a cobrar fuerza: si las grandes tabacaleras ven en el cannabis una oportunidad estratégica de expansión, ¿estamos frente al nacimiento del gran negocio "sanitario" del siglo XXI?

Claves para entender

  1. La empresa Altria, histórica protagonista de la industria tabacalera, busca ingresar indirectamente al experimento de cannabis regulado de los Países Bajos a través de su participación accionaria en Cronos Group.
  2. Parlamentarios neerlandeses expresaron preocupación por el posible ingreso de compañías vinculadas al tabaco debido a sus antecedentes en materia de marketing, lobby e influencia sobre políticas públicas y producción científica.
  3. La relación entre la industria tabacalera y el cannabis no es nueva. En 2018, Altria invirtió 1.800 millones de dólares en Cronos Group, anticipando su interés estratégico en este mercado.
  4. Especialistas internacionales advierten que algunas compañías tabacaleras consideran al cannabis parte de una estrategia de diversificación junto con productos de nicotina y vapeo.
  5. El debate actual no se limita a la regulación del cannabis. También involucra quiénes controlarán el mercado y qué influencia tendrán los grandes actores corporativos sobre su desarrollo futuro.

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