Conversatorio sobre el abordaje periodístico de las drogas, adicciones y consumos problemáticos

 Debido a la complejidad del fenómeno y las importantes repercusiones humanas, económicas y sociales que produce, información y responsabilidad son cuestiones compatibles que se tornan necesarias al tratar temas relacionados con el problema de las drogas. Invitado por la Municipalidad de Puerto Madryn, desarrollé una charla virtual en la que profundizamos en los imaginarios sociales que se van modelando a partir de la construcción periodística de ciertos fenómenos, la hechura de las políticas públicas y el rol preventor que pueden desempeñar los periodistas y comunicadores al momento de comunicar sobre esta problemática. 

El sabor del encuentro es la victoria de Quilmes

Las elecciones que hacemos al comunicar condicionan la forma en la que la sociedad termina comprendiendo determinados fenómenos complejos. Que el símbolo más emblemático del encuentro entre jóvenes sea una cerveza y no un mate tiene que ver con toda una construcción en nuestro imaginario. Es la rotunda victoria de Quilmes, que supo arraigar a fuerza de repetición durante décadas un slogan que nadie discute porque está incorporado en el acervo popular. Al mismo tiempo, es una nueva capitulación del Estado y de las políticas públicas en el campo de la prevención del consumo de #alcohol entre adolescentes, una nueva cesión de terreno, otra concesión más a la banalización de ciertas conductas. Es seguir desplazando los límites de lo debido e indebido, es reafirmar la idea de una sociedad abandónica en la que los adolescentes cada vez están más solos para cuidarse entre ellos.

En el campo del uso y abuso de sustancias, especialmente en lo que respecta al alcohol, algunos desean hacernos creer que no todos los consumos deben problematizarse y que debe quedar una franja de tolerancia en la cual el Estado debe autoexcluirse de intervenir. Son los mismos que nos plantean que la ingesta de bebidas alcohólicas entre adolescentes es algo inevitable, o que se trata de una conducta que debe ser comprendida en el marco de sus derechos, incluso tamizada bajo el paraguas de la igualdad de género. Los adalides de la naturalización del consumo de alcohol, que militan su relativismo progresista desde diversos espacios institucionales (incluso los educativos), pretenden imponernos la torcida idea de que todo está perdido, que no hay lugar para epopeyas, y que debemos limitarnos a asumir un rol contemplativo.

Decía Galeano que “la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. En este complejo escenario que les describo, los utópicos (así nos califican) seguimos apostando por torcer este rumbo, cambiar todo un sistema de creencias profundamente instalado y devolverle el sentido perdido a las cosas. Creo que de eso se trata la educación y la prevención (también la esperanza).

Adicciones, salud mental y pospandemia

En estos tiempos de COVID y pandemia, la conceptualización de salud pareciera haber quedado circunscripta únicamente a la mera ausencia de un mal, afección o enfermedad, y no como un estado de bienestar físico, mental y social completo. Hemos quedado prisioneros de una jaula invisible, sometidos a los vaivenes informativos de la pandemia. Picos y mesetas de casos sospechosos, hisopados positivos, personas aisladas, defunciones y estadísticas. Contagiarse o no contagiarse es la dicotomía que hoy pareciera definir el enfoque sanitario predominante, tanto desde lo asistencial como desde lo preventivo. La promesa de una pronta vacuna es la luz al final de este largo túnel en el que ingresamos allá por mediados de marzo.

Mientras tanto, y producto de este excesivo “virus centrismo”, hay un iceberg por delante que no estamos visualizando: el de la salud mental, las adicciones y los consumos problemáticos. Una temática que, históricamente, ha estado históricamente invisibilizada y postergada en las agendas de gobierno más allá de contextos, leyes, proclamas y promesas. Y del mismo modo, aquello que no es visto por el conjunto de la sociedad como una problemática a resolver no ingresa al espectro de temas que ameritan intervención desde las políticas públicas.

La salud (o su ausencia) no puede estar determinada simplemente por la manifestación de síntomas o el padecimiento de una enfermedad, como en este caso el coronavirus. Lejos de cualquier alarmismo desestabilizador, quienes trabajamos hace años en el campo de las adicciones y la salud mental estamos obligados a hacer un llamado público de atención sobre una temática sumamente compleja y multidimensional, que hoy parece sumergida bajo otras prioridades de la agenda pública pero que, cuando la pandemia llegue a su fin, seguramente aflore.

Táctica y estrategia para legalizar la marihuana

Si veinte años atrás alguien me hubiera consultado sobre cómo diseñar un plan de acción para avanzar hacia la legalización de la marihuana en Argentina, le hubiera dicho que se encontraría ante el desafío de modificar no sólo una ley, sino todo un paradigma. Y que por ello, la única forma de avanzar en un proceso de flexibilización normativa en materia de drogas sería remodelando el imaginario social y el sistema de creencias en torno a esa sustancia. Todo lo demás sería consecuencia de ese primer movimiento de ajedrez.

“¿Por dónde empezar?”, me preguntaría ese alguien.

Hegemonizando el discurso público sobre la temática, para que lo que hasta el momento era considerado desviado comenzara a dejar de serlo (y viceversa).